Durante apenas unos meses, entre la primavera y el verano del hemisferio sur, las llamas consumieron cerca de 70.000 hectáreas de bosque en la Patagonia argentina. La cifra resulta especialmente impactante porque equivale a aproximadamente la mitad de toda la superficie forestal arrasada por incendios durante las más de dos décadas anteriores. Para científicos y brigadistas, estos episodios no representan una anomalía pasajera, sino la manifestación de una nueva realidad climática que obliga a replantear la forma de habitar, gestionar y proteger el territorio.
Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y especialistas dedicados al combate de incendios forestales coinciden en que la región atraviesa una transformación profunda. Los cambios observados en las últimas décadas han modificado las condiciones ambientales de manera suficiente como para favorecer incendios más extensos, intensos y difíciles de controlar.
Aunque los grandes incendios de 2021 fueron interpretados como una señal contundente de esta nueva etapa, algunos indicadores habían comenzado a encender las alarmas mucho antes. Desde mediados de la década de 2000, los especialistas registraban una reducción sostenida en la disponibilidad de agua y un aumento gradual de las temperaturas.
Uno de los signos más evidentes fue la disminución del caudal de importantes cursos de agua patagónicos. En algunos casos, los descensos alcanzaron valores cercanos al 40 %, afectando ríos fundamentales para una región conocida mundialmente por sus glaciares, lagos y reservas hídricas.
Nicolás Agostini, integrante del Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales de Río Negro, recuerda con claridad cómo cambió el panorama. Durante años, los incendios de gran magnitud eran excepcionales dentro de su jurisdicción. Sin embargo, los eventos ocurridos en 2021 marcaron un punto de inflexión. Desde entonces, la frecuencia y la escala de los siniestros comenzaron a adquirir una dimensión inédita para quienes trabajan en la protección de los bosques.
La zona de El Bolsón y Lago Puelo representa una de las postales más reconocidas de la Patagonia. Montañas nevadas, lagos de aguas cristalinas, senderos y extensas áreas boscosas atraen cada año a miles de visitantes. También reciben a personas que deciden abandonar las grandes ciudades para instalarse en un entorno que asocian con tranquilidad y contacto directo con la naturaleza.
Sin embargo, el paisaje idílico mostró recientemente su lado más vulnerable. Los incendios del último verano austral dejaron huellas profundas tanto en el ambiente como en las comunidades locales, muchas de las cuales aún continúan enfrentando las consecuencias materiales y emocionales de la emergencia.
Una región que debe adaptarse
Para el investigador Marcos Easdale, especialista en estudios socioecológicos, el fuego siempre formó parte de los ecosistemas patagónicos. La diferencia radica en que históricamente aparecía con menor frecuencia y bajo dinámicas distintas. Hoy la situación ha cambiado y comienzan a repetirse incendios de gran extensión en intervalos cada vez más cortos.
El meteorólogo Santiago Ignacio Hurtado señala que detrás de esta tendencia convergen varios factores. Por un lado, se registra una reducción significativa de las precipitaciones en numerosas áreas de la Patagonia. Por otro, las temperaturas estivales muestran incrementos sostenidos que, aunque parezcan moderados en términos absolutos, alteran de manera importante el funcionamiento de los ecosistemas.
La combinación de menos humedad y más calor genera vegetación más seca y condiciones ideales para que cualquier foco se expanda con rapidez. Como resultado, los incendios adquieren una agresividad que décadas atrás era mucho menos frecuente.
Según los especialistas, el principal desafío consiste en aceptar que el contexto actual ya no responde a los patrones climáticos del pasado. La planificación urbana, las actividades productivas y la relación con el entorno forestal deben adaptarse a escenarios más extremos y a riesgos crecientes.
Diversas investigaciones desarrolladas en colaboración con organizaciones ambientales concluyen que el cambio climático no es una amenaza futura para la Patagonia, sino una condición presente que continuará influyendo en la dinámica de los incendios durante las próximas décadas.
Por ello, la prevención emerge como la herramienta más importante. Prepararse, reducir vulnerabilidades y adaptar las estrategias de gestión son acciones consideradas esenciales para disminuir los impactos de los próximos eventos.
Los expertos insisten además en la necesidad de comprender que los parámetros históricos ya no sirven como referencia suficiente. Situaciones que hace veinte años habrían sido consideradas sequías excepcionales forman parte hoy de escenarios mucho más habituales.
El sueño de vivir entre árboles y los nuevos riesgos
El atractivo de instalarse en medio del bosque ha impulsado un crecimiento poblacional en distintas zonas de la Patagonia. Muchas personas buscan una vida más cercana a la naturaleza y construyen viviendas rodeadas de vegetación, una imagen que durante décadas simbolizó calidad de vida y tranquilidad.
No obstante, Easdale advierte que este modelo residencial enfrenta desafíos inéditos. Lo que en el pasado podía considerarse una ubicación segura hoy implica una exposición mucho mayor frente al riesgo de incendios forestales.
Para quienes trabajan en primera línea combatiendo el fuego, las medidas preventivas son claras. Mantener despejado el entorno inmediato de las viviendas, garantizar accesos adecuados para vehículos de emergencia y disponer de reservas de agua son acciones fundamentales para mejorar la capacidad de respuesta cuando ocurre una emergencia.
En una Patagonia cada vez más condicionada por temperaturas más altas y períodos prolongados de sequía, la protección de los bosques ya no depende únicamente de apagar incendios. La clave está en aprender a convivir con un escenario climático diferente y construir comunidades preparadas para enfrentar una amenaza que ha dejado de ser excepcional.
